La segunda edición de la Feria Independiente del Libro de Maracaibo no solo consolidó su presencia en la escena cultural de la ciudad, sino que se convirtió en un espacio de reivindicación de la memoria literaria zuliana. Entre la literatura, el teatro, el cine y la música, la FILMAR de 2019 tuvo un punto de inflexión cargado de emoción y reconocimiento: el homenaje al dramaturgo y ensayista Enrique Romero. Su figura, marcada por una vida dedicada a la promoción de las artes y la reflexión intelectual, se convirtió en el eje central de la feria, un tributo a su legado y una celebración de su inagotable pasión por la cultura.
El evento tuvo lugar en la segunda jornada de la FILMAR, el 27 de abril, en la Plaza Sur de la Vereda del Lago, un espacio que por dos días fue testigo del encuentro entre lectores y escritores, pero que esa tarde se transformó en un recinto de memoria. Bajo el cielo marabino, a la sombra de los árboles y con la brisa del lago acompañando la escena, un grupo de intelectuales y artistas se reunió para honrar a un hombre que había entregado su vida a la palabra, al pensamiento y a la construcción de una identidad cultural sólida para el Zulia.
La ceremonia comenzó con un conversatorio en el que participaron Miguel Ángel Campos, Héctor Pirela Zambrano, Javier Rondón y Alexis Blanco, figuras clave en el panorama cultural zuliano, quienes trazaron con sus intervenciones un recorrido por la obra y la trayectoria de Enrique Romero. Cada uno de ellos evocó su relación con el homenajeado, recordando su incansable labor como dramaturgo, ensayista y gestor cultural, así como su papel fundamental en la fundación y dirección del Museo Municipal de Artes Gráficas, un espacio que en su momento fue el epicentro del diálogo cultural en la ciudad.
La conversación giró en torno a la inmensa capacidad de Romero para tender puentes entre generaciones de artistas y pensadores. Fue un hombre que no solo escribió teatro y ensayo, sino que también propició encuentros, abrió espacios para la discusión y estimuló la creatividad de quienes lo rodeaban. Miguel Ángel Campos destacó su contribución al pensamiento crítico en la región, subrayando su capacidad para analizar con lucidez el devenir de la literatura y las artes en el Zulia. Héctor Pirela Zambrano, por su parte, recordó la generosidad de Romero al compartir su conocimiento con jóvenes escritores y su persistente lucha por el reconocimiento de las letras zulianas dentro del panorama nacional.
El homenaje, sin embargo, no se limitó a las palabras de sus colegas. La FILMAR quiso que el protagonista de la noche tuviera su propio espacio, y por ello se organizó un coloquio en el que Enrique Romero tomó la palabra y dialogó con el público. Con la misma elocuencia y profundidad que lo caracterizaban, compartió reflexiones sobre el papel del arte en la sociedad, la importancia de preservar la memoria cultural y los desafíos que enfrenta la literatura en tiempos de crisis. Fue un momento íntimo y conmovedor, en el que el público tuvo la oportunidad de acercarse a su pensamiento y, al mismo tiempo, agradecerle su legado.
Las palabras dieron paso a la poesía, porque no podía haber mejor homenaje para un hombre que había hecho de la literatura su vida. Una lectura poética reunió a escritores como María Cristina Solaeche Galera, Víctor Vielma Molina, Luis Perozo Cervantes, Ángel Der Todd, Ileana Arteaga, Rafael Marín y Gerardo Villalobos, quienes leyeron versos cargados de admiración y respeto. La FILMAR se transformó, por un instante, en un acto colectivo de reconocimiento, en el que cada poema parecía una ofrenda a la trayectoria de Romero y a su incansable trabajo en favor de la cultura.
Para cerrar la jornada, la música tomó el escenario con un concierto de jazz organizado por la Alianza Francesa de Maracaibo, un último regalo en honor a un hombre que siempre comprendió la importancia de la diversidad artística y la interconexión entre las distintas manifestaciones del arte. Bajo las luces tenues de la plaza, con los libros aún abiertos sobre las mesas y los ecos de la poesía flotando en el aire, la FILMAR 2019 concluyó su jornada con una certeza: Enrique Romero no solo había sido homenajeado esa noche, sino que su nombre y su legado seguirían resonando en cada edición de la feria, en cada libro que se vendiera y en cada palabra que fuera dicha con la convicción de que la cultura es un acto de resistencia y de amor por la ciudad.
Con este homenaje, la FILMAR reafirmó su compromiso con la memoria cultural del Zulia, con la necesidad de reconocer en vida a quienes han dedicado su existencia a construir un imaginario literario y artístico sólido. Enrique Romero recibió el tributo de su ciudad, pero más que eso, la certeza de que su labor no quedaría en el olvido. La FILMAR, que nació para desafiar el olvido y la censura, se convirtió en el espacio perfecto para recordarlo, para celebrar su trabajo y para seguir construyendo, en cada edición, la Maracaibo poética con la que siempre soñó.























































































































































